El árbol que quiso volar como los pájaros (Editorial Santillana Infantil y Juvenil)

portadaarbolMuchísimos seres humanos se asemejan a dichosos árboles que, plantados en parques protectores, crecen junto a ríos refrescantes. Todo está a su alcance, nada temen; la vida es grata y segura. No obstante, algunos arbolitos desean ocupar un lugar que no les corresponde. Dejándose llevar por meras palabras, han llegado a creer que se pierden de algo, cuando en realidad lo tienen todo. Debido al anhelo egoísta o al capricho, pierden de vista lo más importante: el amor que se les brinda. ¿Puede un árbol volar cómo los pájaros? Algunos han tenido que experimentar angustia para saberlo. Felizmente, siempre hay esperanza.

El árbol que quiso volar como los pájaros, de Julio Santizo Coronado, es publicado por Editorial Santillana Infantil y Juvenil (Guatemala). Las ilustraciones y diseño de cubierta son del pintor guatemalteco César Pineda Moncrieff. Géneros: cuento, fábula; 80 páginas. Estará disponible a partir de julio de 2017.

Carta abierta de una testigo de Jehová nacida en Nicaragua para el presidente Vladímir Vladimírovich Putin

Excelentísimo señor presidente:

Soy un ama de casa y también testigo de Jehová. Nací en Nicaragua en 1959 en el seno de una familia de Testigos. Ahora vivo en Guatemala. Por esa razón, desde muy joven conocí esta organización religiosa como una cuyos miembros se esfuerzan por respetar la ley.

Además de cumplir con las leyes de cada país, los testigos de Jehová obedecemos las normas divinas, que incluyen el respeto al prójimo, el amarlo y el no obrar daño alguno al semejante, pues somos un pueblo mundial pacífico y unido.

En los años 1980, mi familia y yo sufrimos restricciones por parte del gobierno sandinista, que entonces era apoyado por la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Con el cambio que significó la caída del Muro de Berlín y la consecuente disolución del bloque soviético, la libertad religiosa —un derecho humano fundamental— volvió a Nicaragua, pero también a la ahora Federación de Rusia.

Por tal razón, y debido a que conozco de primera mano lo que significan las restricciones religiosas y la falta de libertad en un país, considero que la Ley Federal contra Actividades Extremistas de Rusia se ha interpretado erróneamente y se ha aplicado incorrectamente en el caso de los pacíficos testigos de Jehová, pues no representamos ningún peligro para ningún gobierno de la Tierra.

Por el contrario, los Testigos efectuamos una labor educativa que promueve la armonía en las familias y la paz con todos nuestros semejantes, y que brinda además una esperanza segura de un futuro brillante, a pesar de los problemas que hoy día agobian a toda la humanidad.

Por esa razón, excelentísimo señor presidente Putin, le suplico que tenga en cuenta todos estos factores. Además, que recuerde que lo que los Testigos rusos practican como parte de su adoración, se lleva a cabo de idéntica manera en cada uno de los 240 países donde los poco más de ocho millones de testigos de Jehová adoramos al Creador de manera unida.

Respetuosamente,

Ruth Obregón Rivera, ciudad de Guatemala, 29 de marzo de 2017

Carta abierta al señor Vladímir Vladimírovich Putin, presidente de la Federación de Rusia

Excelentísimo señor presidente:

Soy escritor, editor y testigo de Jehová. Nací en Guatemala en 1965 y admiro a su país y su cultura. De estos he aprendido muchas cosas bellas en las publicaciones de los testigos de Jehová. Por ejemplo, la fascinante historia de la muñeca Matrioska (publicada en la revista ¡Despertad! en 1995). Además, siento un gran respeto por su industria aeronáutica, ya que en mi juventud fui piloto aviador por un breve período (1982-1984).

Hace un tiempo, antes de llegar a ser testigo de Jehová el 31 de enero de 2016, solía escuchar las noticias en el canal RT TV. Me perturbaron informes sobre los Testigos de Rusia, pues los conozco desde mi niñez, ya que mi madre (1930) fue testigo de Jehová desde 1978 hasta su muerte, acaecida el 11 de marzo de 2015, y su conducta fue intachable desde que se hizo Testigo.

Los excelentes hechos demostrables que constaté me animaron a seguir adelante en mi deseo de mejorar mi vida con la ayuda que esta hermandad mundial brinda en más de 240 países. Además, conocí a muchos Testigos muy respetados en la comunidad, lo que me impulsó a ser uno de ellos.

Ahora, como testigo de Jehová y escritor, me preocupa enormemente que llegue a fallarse a favor de la demanda ante el Tribunal Supremo de la Federación de Rusia para que “se declare extremista a la organización religiosa registrada con el nombre de Centro Administrativo de los Testigos de Jehová, se prohíban sus actividades y sea disuelta”.

Me preocupa porque todos los ciudadanos rusos perderían mucho con ello: una gran ayuda, no solo de índole espiritual, sino moral y de naturaleza práctica, ya que las enseñanzas y actividades de los Testigos promueven la paz, la armonía, los valores morales y, en general, mejoran muchísimo la calidad de vida de quienes las conocemos y practicamos con sinceridad.

Considero que la “Ley Federal contra Actividades Extremistas” de Rusia se aplica de manera errónea en contra de los testigos de Jehová porque, como he consignado, nos esforzamos por ser buenos ciudadanos y, además, no participamos en actividades que pudiesen interpretarse como ilegales o criminales, o que atenten contra el orden jurídico de cualquier Estado del mundo. Nuestro único deseo es ayudar a quienes aman la justicia a tener una esperanza y ver el futuro con optimismo. ¿No es esta acaso la meta más loable de todo aquel que ama la paz?

En tal virtud, honorable señor presidente Putin, le ruego en nombre mío y en el de más de ocho millones de testigos de Jehová de la Tierra, que se obre en consecuencia y se tome todo esto en consideración, a fin de emitir un fallo favorable que nos permita continuar con nuestras actividades en Rusia.

Respetuosamente,

Julio César Santizo Coronado, ciudad de Guatemala, 23 de marzo de 2017

Adaptaciones en cine, teatro y ballet de “El Señor Presidente” (por Ariel Batres Villagrán)

white-rose.jpgDesde la publicación en primera edición de la novela El Señor Presidente (1946), del guatemalteco y Nobel de Literatura (1967) Miguel Ángel Asturias Rosales (1899-1974), han pasado setenta años, su contenido sigue vigente. La edición fue preparada en México por Editorial Costa-Amic el 30 de agosto de 1946.

Diferentes entidades y personas individuales han realizado diversas actividades conmemorativas en el transcurso de 2016; este amanuense se toma la libertad de brindar un respetuoso homenaje entregando al amable lector el presente trabajo, el cual no es más que la recopilación de material documental sobre las Adaptaciones en cine, teatro y ballet de “El Señor Presidente”, efectuadas durante el período 1969 a 2016.

Se da cuenta de las dos principales adaptaciones de la novela al teatro: la de Hugo Francisco Carrillo Meza en 1974; y la del Grupo teatral Rajatabla de Venezuela en 1977. Así, también se reseñan las tres interpretaciones fílmicas: Marcos Madanes, Argentina (1969), blanco y negro; Manuel Octavio Gómez (1983), quien le dio el mismo título de la novela, producción conjunta Cuba-Francia; y, la del venezolano Rómulo Guardia, “Sr. Presidente” (2007). Estas dos últimas fueron proyectadas en Guatemala en 2016, como parte de la conmemoración aludida.

Como parte de las adaptaciones, es meritoria la interpretación en ballet-teatro realizada por el Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala en 2016, la cual no podía dejar de mencionarse en este trabajo.

Habida cuenta de que 2016 es el año que marca el 70 aniversario de la primera edición de la novela El Señor Presidente, el presente es un sencillo pero sincero homenaje a su autor, el inmortal Miguel Ángel Asturias Rosales. No está de más anticipar que el proceso conmemorativo aún no concluye; continuará en 2017 cuando se arribe a los 50 años del otorgamiento del premio Nobel de Literatura en 1967.

Para leer o descargar el ensayo que describe las Adaptaciones en cine, teatro y ballet de “El Señor Presidente”, por favor pulse el siguiente enlace:

adaptaciones-en-cine-teatro-y-ballet-de-el-senor-presidente

A 70 años de El Señor Presidente (apuntes de entrevista, por Ariel Batres Villagrán)

white-rose.jpgEn 2016 se conmemoran 70 años de la primera edición de la novela El Señor Presidente, del guatemalteco Miguel Ángel Asturias Rosales (1899-1974), impresa en México por Editorial Costa-Amic.

Durante el transcurso del año se han efectuado varias actividades en homenaje al premio Nobel de Literatura 1967, en particular por su novela. En los meses que siguen se realizarán otras actividades  conmemorativas.

El Congreso de la República de Guatemala se sumó a la serie de homenajes mediante la difusión por su Canal 9 de televisión (a través de la señal del Canal 57 de Claro Avanzado) de dos películas inspiradas en dicha novela: “El Señor Presidente” (1983), realización franco-cubana; y “Sr. Presidente” (2007), producción venezolana, las cuales exhibirá durante septiembre de 2016.

Para conversar sobre la novela, la producción literaria y algunos rasgos de Miguel Ángel Asturias, el Gran Lengua, se tuvo la oportunidad de participar en una plática, la cual es difundida por medio del canal de televisión mencionado. Antes de asistir, se prepararon estos Apuntes para entrevista sobre Miguel Ángel Asturias: a 70 años de “El Señor Presidente”, los cuales pueden consultar al pulsar en el siguiente enlace:

Entrevista sobre Miguel Ángel Asturias 2016

Epístolas de la soledad y la distancia (por Marvin Monzón)

El individuo debe aprender a estar consigo mismo desde chico.
Andréi Tarkovski

white-rose.jpg¿Cómo empezar a hablar de un libro que parte de 59 páginas y se desborda como El libro de arena? ¿Qué decir del vacío tan armónicamente dispuesto entre sus páginas? El título lo sugiere todo, de entrada: tenemos a un hijo separado de su padre por una distancia un tanto indefinida: al otro lado del Atlántico. El progenitor es un hombre con una obsesión por escribirle cartas a su vástago; estos textos tienen todo el aroma característico del género epistolar.

Hasta allí, todo parece indicar que se trata de documentos que forman parte de una correspondencia. Sin embargo, ninguna de las acepciones del diccionario para la palabra correspondencia puede utilizarse para describir este conjunto de cartas, que se engavetan después de ser escritas. Quién sabe por qué motivo no se envíen, cuál es el temor que las retiene. Esta peculiaridad se hace visible hacia las últimas páginas, en las que el remitente lo manifiesta claramente.

Por qué escribir cartas que no serán enviadas, podríamos preguntarnos, haciendo como que no sabemos que la mayoría del tiempo el destinatario es solo la excusa para vaciarnos y que bien podríamos todos escribir eternamente cartas que nunca se entreguen (las redactamos mentalmente todos los días).

Regresando al libro, debo admitir que lo subestimé, que abrí su portada con recelo y me encontré un sugerente prólogo de Eduardo Villalobos (de quien espero escribir algo posteriormente) que me dio el empujoncito que andaba necesitando para entrar en serio en el contenido.

Hay en sus páginas un estoicismo milenario, una serenidad de riachuelo que fluye con el paciente desplazamiento de quien sabe que llegar o no al mar no importa más que la corriente misma. Recordé las Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke, con su imponente torrente de ideas disfrazadas de riachuelo diáfano, que no se bebe, sino que se respira.

Santizo Coronado despliega una profusión de ideas sobre temas diversos (desde los más trillados por su calidad de «trascendentales», hasta los más triviales por su calidad de «cotidianos») con la calidad paternal que el título del libro exige y con imágenes poéticas regularmente solitarias («Porque la soledad es fría por fuera, pero tibia por dentro, en el tuétano del alma», nos dice el autor a través del trasnochado padre obsesivo).

En cada una de las cartas se desarrolla un tema específico a través de ideas claras o, en el mejor de los casos (y esto lo digo muy subjetivamente), de sugerencias que nos invitan a desenvolverlas cuidadosamente y descubrir lo que, muy en su centro, atesoran (no celosa sino afablemente para quien quiera poseerlas). Podría incluso atreverme a afirmar que no es un libro para subrayar (para quienes gusten de hacerlo), porque seguramente, al volver sobre sus páginas, nos daríamos cuenta de que encontrar una idea subrayada daría el mismo trabajo que releer el texto.

No temo equivocarme tampoco si digo que cada uno de estos textos fue concebido con la ayuda de la soledad absoluta, del tiempo y de la constancia: hay trabajo en ellos, se evidencia en la síntesis de las ideas. Es fácil escribir y desbordarse (como intento hacerlo ahora), pero es difícil desbordarse desde adentro mil veces y reducir a su mínima (pero potente) expresión los pensamientos, para esculpirlos posteriormente en la palabra. Esa capacidad de síntesis del autor es uno de los motivos de que el texto sea, como ya lo he dicho antes, fluido, sin tropiezos, sin la parafernalia de quien quiere decir amor empecinándose en utilizar todas las letras del alfabeto.

Todas las cartas están firmadas de la siguiente forma: «Tu padre que te ama». Esta fórmula repetitiva podría hacernos pensar que pierde su sentido a medida que se utiliza en el libro. Pienso en frases como «que Dios se lo pague», «gracias a Dios» o «primero Dios» que, de tanto repetirlas, nadie sabe a ciencia cierta lo que significan en el momento que las pronuncia. Así, «Tu padre que te ama» se convierte en esa firma que está al final de cada epístola como parte de un protocolo inflexible. Sin embargo, la última carta está firmada de la siguiente forma «Tu padre que nunca te olvida, en verdad… ¡jamás!, y te ama con todo su corazón». Esto nos deja de cualquier forma con dos posibilidades: puede ser una confirmación del amor profesado en cada una de las firmas anteriores o bien una forma de afirmárselo a sí mismo, como un mantra.

Para finalizar este comentario diré que estas cartas (que, como ya dije, no puedo llamar correspondencia) son más parecidas al murmullo de alguien que habla frente al espejo, opacándolo y viendo, en las fugaces y caprichosas formas del vaho, los secretos de la vida; la simpleza de las cosas que el mundo se empeña en hacer complejas, casi inaccesibles.

Unas cartas que llegan al alma (por Leo De Soulas)

white-rose.jpgLas epístolas dirigidas al hijo, reunidas en el libro Cartas a un hijo ausente, del escritor y escribiente guatemalteco Julio Santizo Coronado, son una especie de llave que nos devela gradualmente el interior vacío y solitario de un padre abandonado, desencantado por una vida pasada, quizá perdida, a la cual hace constante alusión con un sentimiento de impotencia presentado con los matices más sutiles en la escala de grises que revisten la nostalgia y la melancolía. Simplemente, no puede hacer nada en el presente que le permita cambiar, tal vez enmendar, los errores del pasado. La sinceridad teñida de ternura hace que el lector se pregunte si este padre, en su aparente actitud de apatía, es tan solo una ficción; o si, por el contrario, es la voz misma del autor que expresa el dolor propio disfrazado de indiferencia, dolor que se va construyendo con retazos de recuerdos cotidianos cogidos de aquí y de allá a suerte de azar. Al fin de cuentas, esto tiene poca importancia, pues desde el momento en que el texto se yergue como una realidad poética, trabajada y labrada con la paciencia del escribiente artesano que el autor se dice ser, la creación cobra un valor y se convierte en un fin en sí mismo, en objeto de apreciación estética.

Pero en un plano distinto al de la creación literaria como forma estética, el tema o los temas adquieren una dimensión que va más allá del ámbito íntimo. Ya no solo se refiere al dolor flemático del padre producido por el abandono del hijo a causa de sus quebrantos mentales, de los cuales está muy consciente el propio autor de las cartas; es el sentimiento de unicidad, el sentimiento de isla que se va agudizando conforme se suman los años como costales pesados y los recuerdos como fugaces imágenes de lo que ya no es; es esa sensación de inercia que solo se puede sentir al arribar al otoño de la vida; es esa comprensión intuitiva de que siempre hemos estado solos, abandonados en este mundo al que fuimos arrojados. Ni siquiera nuestros seres más cercanos, más queridos y con los que nos unen lazos sagrados logran apagar ese sentimiento de abandono, esa incomprensión que nos distancia de los demás y nos vuelve lobos solitarios.

En estas epístolas desfilan temas tan diversos como las mujeres, la escritura, la demencia, la política, la soledad, los tipos de amor, el suicidio, la humildad y la modestia; algunos sencillos, pero tratados con una profundidad capaz de despertar la admiración. Interesantes reflexiones sobre distintos aspectos de la vida hechas con mesura, pero con esa contención que impide darle libre escape al dolor y que a veces toma forma del reproche sutil, pero por eso más hiriente, hacia el hijo desconsiderado que le da, en un acto supremo de ingratitud, la espalda a su propia sangre. En este aspecto, llama especialmente la atención la carta titulada «Los perros y los gatos», que resume la actitud poco agradecida, desde la perspectiva del mismo padre, del hijo que parte allende los mares con el auténtico derecho de seguir su propio camino. Sin duda que luego de leer este texto, el lector terminará generando empatía ante este lobo estepario, pero también se enfrentará, quizá prematuramente, al momento en que tenga que llorar esa juventud perdida, marchita, que parece escaparse de la vida como hoja seca que se deja llevar en el vendaval  pesado y grave de un panteón.

Las diferencias generacionales tienen su peso. El hijo ausente, el joven, tiene todo el camino por delante para realizar esa vida que no ha sido; el padre, el viejo, solo se conforma con los recuerdos que la memoria caótica y desordenada de demente le va dando como perlas valiosas. Mientras el futuro es para los jóvenes, lo único que les corresponde a los viejos es el pasado absurdo que no pueden cambiar. Sugerente imagen la presentada en la carta titulada «La mar», en el que el océano Atlántico se convierte en el abismo infranqueable que separa al ser humano de los demás; pero también abismo que nos separa de esa juventud perdida que representa la luz del ocaso. Es la perspectiva del hombre maduro que ve, desde la otra orilla y como atardecer melancólico, su juventud ida. Más allá del mar está el hijo joven, deseado, amado, esa prolongación del padre mismo que añora retornar al mundo que día a día se hace más huraño a él. Es como si el mundo mismo lo abandonase, como si decidiera emprender su camino sin necesidad de él. Así, de esta manera, queda expuesta la fragilidad humana al saberse imprescindible y sustituible.

Por último, y hago la aclaración porque el mismo autor es consciente de esto, una referencia clara de este libro es el texto del español Camilo José Cela titulado Mrs. Caldwell habla con su hijo. De hecho, el mismo Santizo reconoce la influencia que este texto tuvo en su escrito y cita, a manera de introducción, el fragmento de una carta de Mrs. Caldwell al inicio del libro. Yo mismo doy fe de esa influencia, pues en mis años de mocedad tuve la oportunidad de leer este libro magnífico de Cela, en el que una madre demente escribe cartas a su hijo marino que murió en un naufragio en el mar Egeo. Recuerdo, aunque puede ser que me confunda después de tantos años que leí este texto, que al final del relato, la madre es encerrada en el hospital de lunáticos. Lo cierto es que se sugiere un final semejante al padre del hijo ausente sin que llegue a ser explícito. Al contrario, Santizo nos presenta un final más desesperanzador en el que nos damos cuenta de que estas cartas jamás son ni serán respondidas. Puede que ni siquiera hayan llegado a su destinatario. Bajo esta perspectiva es significativa la posdata de la última carta:

Nota: No te olvides de escribir algún día, y responder a todas y cada una de estas cartas. Tu padre que nunca te olvida, en verdad… ¡jamás!, y te ama con todo su corazón.

Mrs. Caldwell, por lo menos, tiene su locura y puede escapar a través de ella de la dura realidad. El padre ausente no cuenta con esta locura, por lo menos de manera explícita, para fugarse de la realidad. Al no estar completamente demente tiene, por tanto, un grado más o menos de consciencia de su situación miserable, de su abandono. Al ser consciente de su situación, la experimenta con mayor crudeza. Su peor castigo quizá sea no poder alienarse de esa realidad de abandono que vive.

Por esta, entre otras muchas razones, el hecho de que la estructura sea tan parecida con la del libro de Cela no demerita el trabajo de Santizo. Al contrario, crea una visión actualizada del mismo tema y, a su vez, sabe llegar a  profundidades insospechadas en los temas que trata. En realidad, atreverse a esto y lograrlo con tanto brillo va más allá del oficio de escribiente, como él lo dice, y lo convierte en un verdadero escritor.

(Leo De Soulas, guatemalteco, es profesor de Lengua y Literatura, escritor, editor y actor)

El Señor Presidente en versión de ballet (por Ariel Batres Villagrán)

IMG_2669_1En marzo y mayo de 2016, el Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala ofreció al público su versión de ballet-teatro, que interpreta adecuadamente el contenido básico de la novela El Señor Presidente (1946), de Miguel Ángel Asturias Rosales (1899-1974). Así homenajeó al maestro y autor de la novela, ahora que se conmemoran 70 años de la primera edición de la obra literaria, publicada el 30 de agosto de 1946.

Como en algunas escenas hubo breves diálogos entre los bailarines, se tuvo la impresión de que en lugar de ballet se apreciaba una obra de teatro, lo que no es extraño, puesto que se trató de la aplicación de la técnica mixta y contemporánea de ballet-teatro, que les quedó excelente.

Dado que normalmente no hay memoria histórica que narre qué ocurrió en el desarrollo de determinada actividad cultural, e incluso los medios de comunicación la describen en pocas líneas, el propósito del presente trabajo es ofrecer el registro de lo visto y vivido durante las presentaciones.

Y como de la novela El Señor Presidente hubo variados puntos de vista expuestos por los contemporáneos de Miguel Ángel Asturias en los periódicos de la época, se aprovecha para insertar una breve selección, como muestra de lo que se pensaba del autor y de su obra, cuando aún no era Nobel de Literatura.

El homenaje que por medio del Ballet Moderno y Folklórico se ofreció a Miguel Ángel Asturias y su novela de siete décadas El Señor Presidente fue estupendo.

Para leer el ensayo que describe la presentación de “El Señor Presidente” en versión del Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala pulse, por favor, en el siguiente enlace, que le permitirá descargar el documento en formato pdf de manera gratuita:

1.El Señor Presidente -Ballet Moderno y Folklórico -7 julio 2016

“Hombres de papel”, poca ficción y demasiadas mentiras (por Ariel Batres Villagrán)

Recientemente fue publicada en Guatemala la novela Hombres de papel (2016) del doctor en filosofía Oswaldo Salazar.

Con semejante título académico se esperaría del autor un estudio que deconstruyera la vida y producción literaria del premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias, pero no que la destruyera con una serie de absurdos que caen en la difamación y la calumnia.

Teniendo en mente que en Guatemala, y Centroamérica, Asturias es el único Nobel de Literatura, el cual obtuvo por la calidad de su obra y no por lo que pudo haber sido su vida privada, se ofrece un pequeño trabajo de recopilación de opiniones alrededor de dicha novela, el cual lleva por titulo “Hombres de papel”, ficción o mentiras sobre Miguel Ángel Asturias.

No se trata de defender lo indefendible, sino de señalar que prácticamente todo el contenido de la mal llamada novela no necesariamente es ficción, sino falsedades que por aviesa razón el autor se atrevió a publicar. Queda en los lectores decidir si la novela es tal o un burdo libelo.

Ariel Batres Villagrán

Para descargar y leer “Hombres de papel”, ficción o mentiras sobre Miguel Ángel Asturias, pulse en el siguiente enlace, por favor.

Hombres de papel, poca ficción y demasiadas mentiras

Miguel Ángel Asturias con la magia de los tiempos: un poeta de 116 años (por Ariel Batres Villagrán)

IMG_2639_1_1En 1999, los dos hijos del poeta, novelista y premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias Rosales (1899-1974), en calidad de productores, editaron el disco compacto Con la magia de los tiempos, el cual representa una antología de las grabaciones de poemas declamados por su padre en diferentes oportunidades antes y durante el año 1974, las cuales resguardaron durante más de dos décadas. En razón de conmemorarse el centenario del nacimiento del premio Nobel de Literatura, emprendieron la tarea de producir un disco compacto (CD) que hace honor a su contenido, ya que constituye la recopilación de 29 poemas y sonetos, más un texto en prosa poética, pero en versión audible, publicados por Asturias Rosales entre 1929 y 1974.

Con la magia de los tiempos (1999) incluye 26 poemas que se encuentran en Sien de alondra (1949 y/o 1955), en tanto que los tres restantes y el texto en prosa provienen de otras fuentes. Como no todos los lectores tendrán a la mano el CD, se ofrece la versión impresa del contenido de la poesía declamada por el propio Asturias y, además, las referencias hemerográficas de importancia histórica sobre el origen de Sien de alondra. Como la fecundidad intelectual del aeda no cesó, se brinda la lista de poemas y artículos que publicó durante la “primavera democrática de Guatemala” en el periódico El Imparcial.

Quienes puedan adquirir una copia del CD de 1999, al escuchar la voz de Asturias podrán experimentar sensaciones distintas a las que se experimentan al leer solamente los “esqueletos tipográficos” de los poemas. Asturias sigue estando vivo, pues “la palabra lo crea todo y lo sigue creando”.

En forma por demás sencilla, se elaboró el texto de Miguel Ángel Asturias con la magia de los tiempos, como homenaje permanente.

Ariel Batres Villagrán

El texto de Miguel Ángel Asturias con la magia de los tiempos puede ser consultado cuando lo desee. Para descargarlo, pulse el siguiente enlace, por favor.

Con la magia de los tiempos (1999)