Excelentísimo señor presidente:

Soy escritor, editor y testigo de Jehová. Nací en Guatemala en 1965 y admiro a su país y su cultura. De estos he aprendido muchas cosas bellas en las publicaciones de los testigos de Jehová. Por ejemplo, la fascinante historia de la muñeca Matrioska (publicada en la revista ¡Despertad! en 1995). Además, siento un gran respeto por su industria aeronáutica, ya que en mi juventud fui piloto aviador por un breve período (1982-1984).

Hace un tiempo, antes de llegar a ser testigo de Jehová el 31 de enero de 2016, solía escuchar las noticias en el canal RT TV. Me perturbaron informes sobre los Testigos de Rusia, pues los conozco desde mi niñez, ya que mi madre (1930) fue testigo de Jehová desde 1978 hasta su muerte, acaecida el 11 de marzo de 2015, y su conducta fue intachable desde que se hizo Testigo.

Los excelentes hechos demostrables que constaté me animaron a seguir adelante en mi deseo de mejorar mi vida con la ayuda que esta hermandad mundial brinda en más de 240 países. Además, conocí a muchos Testigos muy respetados en la comunidad, lo que me impulsó a ser uno de ellos.

Ahora, como testigo de Jehová y escritor, me preocupa enormemente que llegue a fallarse a favor de la demanda ante el Tribunal Supremo de la Federación de Rusia para que “se declare extremista a la organización religiosa registrada con el nombre de Centro Administrativo de los Testigos de Jehová, se prohíban sus actividades y sea disuelta”.

Me preocupa porque todos los ciudadanos rusos perderían mucho con ello: una gran ayuda, no solo de índole espiritual, sino moral y de naturaleza práctica, ya que las enseñanzas y actividades de los Testigos promueven la paz, la armonía, los valores morales y, en general, mejoran muchísimo la calidad de vida de quienes las conocemos y practicamos con sinceridad.

Considero que la “Ley Federal contra Actividades Extremistas” de Rusia se aplica de manera errónea en contra de los testigos de Jehová porque, como he consignado, nos esforzamos por ser buenos ciudadanos y, además, no participamos en actividades que pudiesen interpretarse como ilegales o criminales, o que atenten contra el orden jurídico de cualquier Estado del mundo. Nuestro único deseo es ayudar a quienes aman la justicia a tener una esperanza y ver el futuro con optimismo. ¿No es esta acaso la meta más loable de todo aquel que ama la paz?

En tal virtud, honorable señor presidente Putin, le ruego en nombre mío y en el de más de ocho millones de testigos de Jehová de la Tierra, que se obre en consecuencia y se tome todo esto en consideración, a fin de emitir un fallo favorable que nos permita continuar con nuestras actividades en Rusia.

Respetuosamente,

Julio César Santizo Coronado, ciudad de Guatemala, 23 de marzo de 2017

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