IMG_2639_1_1Hace cuatro años, el guatemalteco Miguel Vargas Corzantes publicó la primera edición de su novela El sátiro, la maldición y la cruz (2010). El escenario de esta se sitúa en la Guatemala colonial, entre abril y julio de 1773, donde a la par de efectuar una investigación cuasi policial respecto al significado de la cruz de Alcántara, que en sí contiene una maldición para quien la porte o atesore, expone cómo la ambición y los deseos carnales de un fraile nombrado como juez inquisidor por el Santo Oficio, el sátiro, pervierte su función castigando y violando a 28 mujeres –de una lista de cien– antes de que, según él, corrompan a los hombres, toda vez que había tenido una epifanía donde una voz desde lo alto le ordenó realizar semejante acción, para que luego el sicario a su servicio se encargara de silenciarlas con la muerte.

El autor guatemalteco realizó un serio esfuerzo de investigación para darle a su ficción un lugar y tiempo ambientado en la época colonial de Guatemala, y qué mejor que hacerlo teniendo como marco de fondo los fuertes temblores ocurridos durante los meses de mayo y junio de 1773, para concluir con el terremoto del 29 de julio de dicho año, fecha que marcó el inicio del proceso para tomar la decisión respecto a si convenía la traslación de la capital a otro punto del ámbito geográfico que en ese entonces se llamaba el Reino de Guatemala, el cual abarcaba desde Chiapas, en México, hasta Costa Rica.

Vargas Corzantes no incursiona en determinar ni comentar a fondo los motivos e intereses ocultos para el cambio territorial; sencillamente –al final– coloca a los personajes principales trabajando duramente en la construcción de la nueva capital. Empero, su principal fortaleza como narrador consiste en haber podido trasladar al lector cómo era el ambiente socioeconómico en 1773, donde pertenecer a una u otra casta social determinaba el futuro de una persona, los trabajos que podía realizar, hasta la forma de vestirse y el “derecho” a portar un arma, poseer y montar un caballo, y especialmente el acceso a la educación, soberanamente limitado para las mujeres, independiente de su condición social.

La maldición dice: “Quien de la madre del cielo el tesoro sacase, por su alma y mi sangre ruego. Sus piedras ardientes son y su cruz de fuego. No toméis este castigo. Huid prontamente de la maldición. Adela de Alcántara 1699.”

El lector de la novela podrá determinar si dicha maldición continúa o fue eliminada el mismo día del terremoto del 29 de julio de 1773.

Para leer la reseña del libro, por favor pulse el siguiente enlace que lo llevará a la siguiente página donde después de abierta deberá volver a pulsar sobre el título del ensayo que ahí aparece (Ariel Batres Villagrán).

El sátiro, la maldición y la cruz RESEÑA

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