IMG_2639_1_1Jinetes en el cielo, de Mario Roberto Morales (Barcelona: Vaso Roto Ediciones, 2012), es una novela que atrapa al lector por la claridad y calidad de la prosa del autor, y si quien la lee está más o menos al tanto de hechos de violencia ocurridos en Guatemala entre 1996 y 2003, inmediatamente detectará quiénes son los personajes de la vida real que aparecen en la ficción.

Según la contraportada de la novela, esta trata de lo siguiente: El periodista Fabián Algara se ve obligado a servir como intermediario entre la guerrilla y el Gobierno, tras el cual opera la élite militar que espera hacerse con el poder. Mario Roberto Morales sitúa la novela en los días previos a la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, para hablar sobre la red de complicidades generada por la política y los intereses económicos.

Sin embargo, la sinopsis se queda corta, en virtud de que no solamente describe algunos entresijos de un hecho en particular que pudo dar al traste con la firma de los Acuerdos de Paz en diciembre de 1996, como lo fue el secuestro de la señora Olga Alvarado de Novella, de 87 años (ocurrido el 25 de agosto de 1996 y liberada el 19 de octubre de 1996; el Estado Mayor Presidencial capturó a dos integrantes de la ORPA que participaron: Rafael Augusto Valdizón Núñez, comandante Isaías, y Juan José Cabrera Rodas, “Mincho”). La liberación se produjo por el canje entre el comandante Isaías y la señora. El máximo dirigente de la ORPA, el comandante Gaspar Ilom (Rodrigo Asturias, hijo del Premio Nobel de Literatura) aceptó la responsabilidad política por este asunto, del cual dijo fue realizado sin conocimiento de la comandancia general, y que le valió ser apartado de las negociaciones de paz. El autor de la novela explica que este apartamiento también fue negociado y sirvió para eliminarlo políticamente y permitir que el comandante de otro grupo guerrillero tuviera la posibilidad de catapultarse como candidato presidencial (aunque en realidad esto no ocurrió en la vida real, el autor da visos de que Pablo Monsanto fue el beneficiado).

Ocurre el asesinato de monseñor Juan José Gerardi Conedera el 26 de abril de 1998, dos días después de haber presentado el que se conoce como Informe Remhi o de Recuperación de la Memoria Histórica. Sin diferenciar que este crimen sucede después de la firma de los Acuerdos de Paz en diciembre de 1996, Mario Roberto Morales los sitúa como si ambas situaciones hubieran sucedido en tiempo paralelo, lo cual no le quita interés a la ficción que plantea, en el sentido de que un personaje hoy en la cárcel –en ese entonces capitán del Ejército y al que Morales clasifica como teniente Maldonado– y su padre (un coronel que ya salió de prisión en aplicación de la ley de redención de penas) aceptaron convertirse en chivos expiatorios después de recibir dos millones de dólares, porque así convenía al alto mando del Ejército y particularmente a los grupos de oficiales que dentro del mismo se disputan la supremacía (conocidos como La Cofradía y El Sindicato). Si fue cierto o no, queda como hipótesis que quizá nunca logre demostrarse.

Morales agrega un ingrediente a su ficción: hace que el capitán y su padre el coronel sean asesinados en la cárcel por los mareros que conviven con ellos, por órdenes de un “general Reinosa”, quienes los degüellan y juegan con la cabeza del capitán como si fuera una pelota. Lo cierto es que ambos no han muerto, pero el autor incluye como parte de la trama el caso de la ejecución extrajudicial de siete prisioneros en 2003, por el cual hasta la fecha aún sigue el proceso judicial en contra de quien en esa época era el ministro de Gobernación, el abogado Carlos Vielman, al que Morales describe como el verdadero organizador de la matanza de los 10 reos, de los cuales 7 en 2003 y 3 más en 2006, pero situando los hechos cual si se hubieran producido en 1997, pasado un año de la firma de los Acuerdos de Paz.

Y como se trata de una ficción, elaborada con datos sueltos y dispersos entre varios años, aunque se muestran como si hubieran ocurrido durante los meses a que se refiere la trama, aparece otra hipótesis: que el llamado periodista “Fabián Algara”, quien de hecho tenía tres nacionalidades –norteamericana, española y guatemalteca– por el origen de sus padres, es involucrado en la misma por un arreglo entre el capitán o teniente Maldonado, quien actúa por órdenes del “general Reinosa”, y nada menos que el director de la ODHA “Oscar Ramírez” (¿Edgar Gutiérrez?), el que a su vez estaba en contubernio con el “general Cuevas Ruiz” (¿Ríos Montt?), al extremo de determinar que como este último no podía ser candidato presidencial, su representante títere lo sería, “Oscar Ramírez”, algo que en la realidad no ocurrió, sino que fue Alfonso Portillo el elegido, aunque a “Oscar” le dieron la Secretaría de Análisis Estratégico de la Presidencia como parte de los acuerdos entre la guerrilla y el Gobierno, previo a la firma de los Acuerdos de Paz.

El involucramiento de “Fabián Algara” en la trama expuesta por Mario Roberto Morales incluía ofrecer a este toda clase de materiales e información para que escribiera un libro cuya primera edición sería en inglés y después en español, sobre los hechos narrados y la forma como la cúpula militar y de gobierno negoció la paz con la guerrilla, a cambio de darle a esta muchos millones de dólares para que tuvieran un retiro dorado y que a su vez no molestaran oponiéndose a la venta de empresas estatales a precios irrisorios ni a la entrada al país de transnacionales. En la vida real sí hay un libro que reúne parte de esas condiciones, el del norteamericano-guatemalteco Francisco Goldman El arte del asesinato político. ¿Quién mató al obispo?, y aunque se concentra en una supuesta investigación policíaca para establecer quiénes fueron los autores, al final no deja nada en claro y hasta excluye como posibilidad real que el autor material lo haya sido el capitán y su padre el coronel. La primera edición fue en inglés (2007) y la segunda en español (2009).

En suma, las hipótesis que Mario Roberto Morales deja plasmadas en su novela Jinetes en el cielo (2012) no son para dejarlas por un lado; de hecho, ya habían sido mencionadas por algunos analistas y periodistas en años anteriores, aunque sin tanto ruido, por temor a represalias. El autor dice las cosas abiertamente, y el dar nombres ficticios a personajes que en la vida real sí existen, y la mayoría vivos todavía, no le quita ningún mérito y hasta orienta acerca de a dónde conducir los pasos de una investigación.

Cabe acotar que el nombre de la novela Jinetes en el cielo se inspira en el título de la canción de igual nombre del norteamericano Stan Jones, el cual la compuso en 1948. En la página 7 coloca el texto parcial en inglés de la letra, y en las páginas 154, 251, 258 y 275 puede el lector encontrar la explicación onírica de por qué el periodista “Fabián Algara” sueña que en el cielo aparecen cientos de vacas provenientes del infierno, las cuales son guiadas por jinetes fantasmales.

Finalmente, puede señalarse que la novela de Mario Roberto Morales es superior en calidad artística que Insensatez (2004), del salvadoreño Horacio Castellanos Moya (1957), el que da un tratamiento banal y con evidente falta de respeto al proceso de revisión de pruebas o corrección de estilo del Informe Remhi, por cuanto su personaje principal es un paranoico que acuciado por sus propios fantasmas no vacila en dejar tirado el trabajo de revisión y salir huyendo del país al sentirse perseguido y hasta con posibilidades de ser capturado y desaparecido por un teniente del Ejército, un tal “Octavio Pérez Mena”, que no es otro más que el actual presidente de Guatemala Otto Pérez Molina. El corrector de estilo señala que quien lo contrató para realizar el trabajo de revisión del Informe fue su amigo “Erick”, quien era el coordinador del Informe en la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado, y en la vida real se trata de Edgar Gutiérrez.

De la novela Insensatez (2004) puede verse el ensayo crítico Insensatez o la locura de un escritor, publicado en

https://elmundodefacundo.wordpress.com/2014/04/25/insensatez-o-la-locura-de-un-escritor-por-ariel-batres-villagran/

Varios de los personajes reales que Castellanos Moya convierte en ficticios aparecen también en la novela de Mario Roberto Morales, por lo que bien valdría realizar un cotejo entre ambas. Los resultados serán sorprendentes para el lector.

Ariel Batres Villagrán, abril de 2014

Anuncios