KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERAUno de los primeros artículos de esta bitácora se titulaba «Esa pequeña cosita». Estaba dedicado a un peludo amigo mío. Un tiempo después se hizo necesario hacer anotaciones en los márgenes de esas páginas. Para comenzar, debo presentarles el viejo marco de circunstancias: Freddy estaba relajado, relajado y un tanto aburrido. Aburrido porque no había abierto la puerta que da hacia las escaleras que llevan al desaparecido jardín. Relajado, porque fue día de baño, y eso le agradaba sobremanera, pues Ruth le permitía subir a la cama y haraganear junto a nosotros.

Cuando hacía calor, a Freddy le gustaba sentarse en el vano de la puerta y ver hacia la calle, esperar a los gatos del vecindario (a dos de los cuales mordió), y se sentía libre cuando el viento vespertino refrescaba el ambiente y soplaba sobre su hocico. Pero la puerta estaba cerrada aquel día, a pesar de que Ruth y yo también teníamos calor. Solamente la puerta que da a la terraza permanecía abierta, ya que allá fuera estaba el lugar al que Freddy iba a solas, al igual que el rey.

La pelota de hule rojo rodaba sobre el piso, y se oía el sonido del cascabel que hay en su interior, y, sin embargo, Freddy no la cogía entre los dientes. Y no era porque no quisiera hacerlo; la veía con esas ganas que se traslucían en sus ojos de mirada triste de perro noble. Se echó a mi lado, a mi siniestra, y suspiró. Ella estaba… ¿en dónde? La vi sentada a la izquierda de Ruth, quien lavaba las tazas.

Estaba atenta… caminó hacia mí, y me observó con esa cara de bebé. Y es que los cachorros se parecen a los niños humanos. Freddy se escondió debajo de la mesa, sobre una de las sillas; ella estornudó, se lamió una pata, me miró con sus ojos oscuros de nuevo, y allí se quedó… inmóvil. Nunca había oído el sonido que hacen las tazas cuando alguien las lava, y eso despertó su curiosidad.

Ruth le dio nombre. Se llama Ponette, en honor a la niña de la película francesa. Ponette nació el 26 de mayo de 2011 y vive ahora en casa, donde hizo que Freddy se sintiera un tanto miserable. Sin embargo, a pesar de los pesares, Freddy dejó que Ponette jugara con su pelota, no solo porque Ponette es una «niña», sino porque entonces, cuando esto sucedió, era una bebé, una nueva Yorkshire terrier. No, en realidad, un cruce de Yorkie con schnauzer.

Era la primera vez que tenía dos perros. Y claro, nunca pude tener ni uno solo durante mucho tiempo cuando era niño, ya que tanto Tuno, mi pastor alemán, como Reina, mi cocker spaniel, tuvieron que irse de casa cuando mi madre, quien no tiene vocación de cuidadora de perros, los regaló. Mi esposa, quien sabe muchas cosas de mí, me ha dicho que todo sucede cuando debe suceder: «Ahora que sos adulto podés disfrutar de tus perros; lo que nunca pudiste hacer cuando eras niño». Eso me dijo cierto día.

Hoy, 28 de noviembre de 2013, Freddy se fue. Vivió trece felices y largos años. Siempre pensé que me dolería mucho la muerte de Freddy. Y así fue. Lo sostuve entre mis brazos hasta que dejó de respirar. Incluso, dimos un corto paseo juntos antes de que se fuera. Pensé que podría extender su vida por más tiempo, pero hubiese estado pensando solamente en mi felicidad y no en su bienestar.

Otra «pequeña cosita» vive ahora en casa, y cuando vuelva del mercado le abriré la puerta que da hacia el malogrado jardín, donde olisqueará entre lo que queda de este, y rascará la tierra en la cual descansará por siempre mi otra querida y recordada «pequeña cosita», mi viejo y amado perro Freddy.

Ciudad de Guatemala, 28 de noviembre de 2013 (en la casa de siempre)

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3 comentarios en “Pequeñas y peludas apostillas a «Esa pequeña cosita»

  1. Conmovedoras palabras que siento como mías; he tenido y tengo perras y cuando se mueren se siente un gran dolor. Un abrazo, amigo mío.

  2. Qué significativo lo que aquí nos cuenta el buen amigo Facundo.
    Nunca creí que se pudiera escribir con tanto sentimiento por la vida de quien en vida fue un perrito, en este caso llamado Freddy.
    Como que aquí se cumplió el dicho popular: el perro es el mejor amigo del hombre, porque su dueño estará triste por algunos días, recordando los buenos momentos que convivieron juntos, en la falta que le hará, sabiendo que la vida llega a su fin y que para los humanos esta sigue hasta que…

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