Poesía innombrable (1a. edición, por Julio Santizo Coronado)

white-rose.jpgSe ha dicho que la poesía debe sentirse, no comprenderse. Se dice que el poeta anda por ahí con los sentidos en ebullición, con los ojos abiertos y la piel al descubierto. Pero cuando la epidermis anda por ahí desnuda, sin abrigo ni cobijo, sin parasol y sin pañuelo, las quemaduras de los días solo pueden sanar con lágrimas.

Estas palabras que aquí entrego fueron escritas en 2012. El sol se ha puesto muchas veces. Al amanecer estaban congeladas, y al releerlas, cuatro años después, las he hallado tibias; han vuelto a caminar. Pero las palabras no gustan de andar a solas, por lo que hoy se entregan ellas a vosotros con cariño.

Y como dijo la cubana Teresita Fernández (1930-2013):

A las cosas que son feas ponles un poco de amor y verás que la tristeza va cambiando de color. (Lo feo)

Pulsen con el ratón sobre este enlace y gratuitamente lean estas palabras, que no se venden, porque las palabras no tienen costo.

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Las horas de mi madre (por Julio Santizo Coronado, 1a. edición)

white-rose.jpgEsas horas de mi madre que me arrullan el recuerdo. Esas horas en las que aunque estuve lejos jamás estuve tan cerca. He rescatado lo que podía y debía rescatar de estas palabras escritas con silencios en esos días de incertidumbre, en esos días que terminaron y que se extendieron durante horas y horas que parecían eternas por felices y dolorosas: las horas de mi madre.

En enero de 2015, mi madre y yo nos encontrábamos en un restaurante situado en San Lucas Sacatepéquez, un pequeño poblado situado cerca de la ciudad de Guatemala. Mientras comíamos ella, mi esposa y yo, el conjunto de marimba del lugar empezó a tocar. Mi madre, de casi 85 años, a pesar de sus problemas de columna que la mantenían la mayor parte del tiempo en una silla de ruedas o en cama, me dijo:

Tengo ganas de bailar. Sacame a bailar.

IMG_1433Así, mi madre y yo bailamos una pieza completa ese mediodía de un frío enero. Dos meses más tarde, en la helada madrugada del 15 de marzo de 2015, mi madre expiró mientras dormía junto a mí.

Al despertar, me acerqué a ella y me percaté de que había muerto antes del amanecer. Me di cuenta entonces de que habían terminado las horas de mi madre.

Pueden descargar desde el siguiente enlace el formato pdf de este trabajo formado por algunas entradas compuestas por reflexiones publicadas a lo largo de 2013 en esta misma bitácora, pero que han sido editadas y algunas de ellas eliminadas. No solo son los hitos de algunas de las últimas horas de mi madre, sino de los largos días de un profundo cambio gestado a lo largo de 40 de mis 51 años en mi corazón, gracias a ella.

Las horas de mi madre WordPress (1a. edición, 2016)

A 70 años de El Señor Presidente (apuntes de entrevista, por Ariel Batres Villagrán)

white-rose.jpgEn 2016 se conmemoran 70 años de la primera edición de la novela El Señor Presidente, del guatemalteco Miguel Ángel Asturias Rosales (1899-1974), impresa en México por Editorial Costa-Amic.

Durante el transcurso del año se han efectuado varias actividades en homenaje al premio Nobel de Literatura 1967, en particular por su novela. En los meses que siguen se realizarán otras actividades  conmemorativas.

El Congreso de la República de Guatemala se sumó a la serie de homenajes mediante la difusión por su Canal 9 de televisión (a través de la señal del Canal 57 de Claro Avanzado) de dos películas inspiradas en dicha novela: “El Señor Presidente” (1983), realización franco-cubana; y “Sr. Presidente” (2007), producción venezolana, las cuales exhibirá durante septiembre de 2016.

Para conversar sobre la novela, la producción literaria y algunos rasgos de Miguel Ángel Asturias, el Gran Lengua, se tuvo la oportunidad de participar en una plática, la cual es difundida por medio del canal de televisión mencionado. Antes de asistir, se prepararon estos Apuntes para entrevista sobre Miguel Ángel Asturias: a 70 años de “El Señor Presidente”, los cuales pueden consultar al pulsar en el siguiente enlace:

Entrevista sobre Miguel Ángel Asturias 2016

Cartas a un hijo ausente (2a. ed. revisada, por Julio Santizo Coronado)

white-rose.jpgEste libro del género epistolar fue publicado originalmente en rústica por Ediciones del Jazmín e impreso en los talleres de Magna Terra Editores, Guatemala, en 2013, con una tirada de 500 ejemplares. La cubierta fue diseñada por el guatemalteco Luis Villacinda, con prólogo del poeta y editor guatemalteco Eduardo Villalobos.

En esta bitácora podrán leer las reseñas que el actor y escritor Leo De Soulas y el escritor Marvin Monzón, ambos guatemaltecos, escribieron sobre este libro.

Ediciones del Jazmín presenta esta edición revisada que será impresa y distribuida en Guatemala oportunamente. Tanto la edición en pdf como aquella que se publique en soporte físico son gratuitas, porque las palabras no tienen costo.

Esperamos que nuestros lectores disfruten de estas epístolas dirigidas a un hijo que vive en nuestros pensamientos. Pueden descargar el pdf mediante pulsar el siguiente enlace.

Cartas a un hijo ausente 2a ed. revisada 2016 WordPress

Palabras del agua y de la mar (por Julio Santizo Coronado)

white-rose.jpgUn manual lleno de fulgor

Eduardo Galeano dijo, respondiendo a una entrevista, que el ser humano no nacía una sola vez, sino que eran varias las que uno podía reinventarse, reconstruirse, y que el músculo para fortalecer esta postura era el humor. Leer esto le deja a uno la sensación de que sí, que es posible volver a vivir varias veces y que el simple hecho de no creerse nacido y muerto —de un punto de la cuerda a otro— es algo extraordinario, un largo aliento para varias vidas, para muchos saltos al vacío, para intensos padre, niño y adulto   —los que cargamos todos por dentro— recirculándose, abrazándose, separándose, reconciliándose.

Más aún para la gente que anda con el caleidoscopio de las emociones, literalmente, saliéndose de los ojos en cada respiro, movimiento del vientre, lágrima retenida, huida contenida; en síntesis: los poetas, en que esta sentencia es condenatoria y a la vez inspiradora.

El que canta y llora a la vida al mismo tiempo se vuelve una especie de vericueto atemporal, donde se anuda la luz y su tránsito, donde se atasca la sombra y crece moho en los extremos que se rozan al aire, donde hay muerte y vida en la sinestesia más pura, en la simbiosis más consumada.

Así es el poeta: el que recoge o deja caer todo aquello que como el mundo entero le explota en unos cuantos segundos, en unas pequeñas cuadras caminadas, algún espacio para la contemplación y el desembarazo; algún sopeso, una quimera en los labios, una catarsis en las manos, una epifanía hacia el esófago y más adentro, donde todo brota sin resúmenes pero rueda en papiros, rollos enteros, de este periplo —o periplos— donde  trata de tejer los días, enderezar el fluido del vericueto, dejar palabras al ulterior de la desaparición física, pintar vapor sobre las ventanas de la realidad para no perderse, para no herirse. Un graffiti que traspase las paredes, que hiera el poro del adobe o del block, que se quede ahí hasta que un temblor se lo lleve, hasta que el tsunami se lo trague, o el huracán lo pulverice; pero que se aferre, incluso tanto que al llegar a espora de polvo se le escuche el canto, se le huela, se le sienta.

En esa reinvención está Julio Santizo Coronado, en la que se liman y afilan todos los aparejos para saltar de una existencia a otra, dejándonos un manual lleno de fulgor como este libro Palabras del agua y de la mar, donde los corazones duelen de tanta retracción y de mucho rebobinar un aliento extenso y pesado —como ese que suele hacer el mar cuando pretende la nueva ola.

Paolo Guinea, poeta guatemalteco, 15 de octubre de 2013

Los lectores pueden descargar el libro en formato pdf desde el siguiente enlace. Este se encuentra también en formato físico, disponible de manera gratuita en Guatemala.

Palabras del agua y de la mar 2016 Magna Terra

Epístolas de la soledad y la distancia (por Marvin Monzón)

El individuo debe aprender a estar consigo mismo desde chico.
Andréi Tarkovski

white-rose.jpg¿Cómo empezar a hablar de un libro que parte de 59 páginas y se desborda como El libro de arena? ¿Qué decir del vacío tan armónicamente dispuesto entre sus páginas? El título lo sugiere todo, de entrada: tenemos a un hijo separado de su padre por una distancia un tanto indefinida: al otro lado del Atlántico. El progenitor es un hombre con una obsesión por escribirle cartas a su vástago; estos textos tienen todo el aroma característico del género epistolar.

Hasta allí, todo parece indicar que se trata de documentos que forman parte de una correspondencia. Sin embargo, ninguna de las acepciones del diccionario para la palabra correspondencia puede utilizarse para describir este conjunto de cartas, que se engavetan después de ser escritas. Quién sabe por qué motivo no se envíen, cuál es el temor que las retiene. Esta peculiaridad se hace visible hacia las últimas páginas, en las que el remitente lo manifiesta claramente.

Por qué escribir cartas que no serán enviadas, podríamos preguntarnos, haciendo como que no sabemos que la mayoría del tiempo el destinatario es solo la excusa para vaciarnos y que bien podríamos todos escribir eternamente cartas que nunca se entreguen (las redactamos mentalmente todos los días).

Regresando al libro, debo admitir que lo subestimé, que abrí su portada con recelo y me encontré un sugerente prólogo de Eduardo Villalobos (de quien espero escribir algo posteriormente) que me dio el empujoncito que andaba necesitando para entrar en serio en el contenido.

Hay en sus páginas un estoicismo milenario, una serenidad de riachuelo que fluye con el paciente desplazamiento de quien sabe que llegar o no al mar no importa más que la corriente misma. Recordé las Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke, con su imponente torrente de ideas disfrazadas de riachuelo diáfano, que no se bebe, sino que se respira.

Santizo Coronado despliega una profusión de ideas sobre temas diversos (desde los más trillados por su calidad de «trascendentales», hasta los más triviales por su calidad de «cotidianos») con la calidad paternal que el título del libro exige y con imágenes poéticas regularmente solitarias («Porque la soledad es fría por fuera, pero tibia por dentro, en el tuétano del alma», nos dice el autor a través del trasnochado padre obsesivo).

En cada una de las cartas se desarrolla un tema específico a través de ideas claras o, en el mejor de los casos (y esto lo digo muy subjetivamente), de sugerencias que nos invitan a desenvolverlas cuidadosamente y descubrir lo que, muy en su centro, atesoran (no celosa sino afablemente para quien quiera poseerlas). Podría incluso atreverme a afirmar que no es un libro para subrayar (para quienes gusten de hacerlo), porque seguramente, al volver sobre sus páginas, nos daríamos cuenta de que encontrar una idea subrayada daría el mismo trabajo que releer el texto.

No temo equivocarme tampoco si digo que cada uno de estos textos fue concebido con la ayuda de la soledad absoluta, del tiempo y de la constancia: hay trabajo en ellos, se evidencia en la síntesis de las ideas. Es fácil escribir y desbordarse (como intento hacerlo ahora), pero es difícil desbordarse desde adentro mil veces y reducir a su mínima (pero potente) expresión los pensamientos, para esculpirlos posteriormente en la palabra. Esa capacidad de síntesis del autor es uno de los motivos de que el texto sea, como ya lo he dicho antes, fluido, sin tropiezos, sin la parafernalia de quien quiere decir amor empecinándose en utilizar todas las letras del alfabeto.

Todas las cartas están firmadas de la siguiente forma: «Tu padre que te ama». Esta fórmula repetitiva podría hacernos pensar que pierde su sentido a medida que se utiliza en el libro. Pienso en frases como «que Dios se lo pague», «gracias a Dios» o «primero Dios» que, de tanto repetirlas, nadie sabe a ciencia cierta lo que significan en el momento que las pronuncia. Así, «Tu padre que te ama» se convierte en esa firma que está al final de cada epístola como parte de un protocolo inflexible. Sin embargo, la última carta está firmada de la siguiente forma «Tu padre que nunca te olvida, en verdad… ¡jamás!, y te ama con todo su corazón». Esto nos deja de cualquier forma con dos posibilidades: puede ser una confirmación del amor profesado en cada una de las firmas anteriores o bien una forma de afirmárselo a sí mismo, como un mantra.

Para finalizar este comentario diré que estas cartas (que, como ya dije, no puedo llamar correspondencia) son más parecidas al murmullo de alguien que habla frente al espejo, opacándolo y viendo, en las fugaces y caprichosas formas del vaho, los secretos de la vida; la simpleza de las cosas que el mundo se empeña en hacer complejas, casi inaccesibles.

Unas cartas que llegan al alma (por Leo De Soulas)

white-rose.jpgLas epístolas dirigidas al hijo, reunidas en el libro Cartas a un hijo ausente, del escritor y escribiente guatemalteco Julio Santizo Coronado, son una especie de llave que nos devela gradualmente el interior vacío y solitario de un padre abandonado, desencantado por una vida pasada, quizá perdida, a la cual hace constante alusión con un sentimiento de impotencia presentado con los matices más sutiles en la escala de grises que revisten la nostalgia y la melancolía. Simplemente, no puede hacer nada en el presente que le permita cambiar, tal vez enmendar, los errores del pasado. La sinceridad teñida de ternura hace que el lector se pregunte si este padre, en su aparente actitud de apatía, es tan solo una ficción; o si, por el contrario, es la voz misma del autor que expresa el dolor propio disfrazado de indiferencia, dolor que se va construyendo con retazos de recuerdos cotidianos cogidos de aquí y de allá a suerte de azar. Al fin de cuentas, esto tiene poca importancia, pues desde el momento en que el texto se yergue como una realidad poética, trabajada y labrada con la paciencia del escribiente artesano que el autor se dice ser, la creación cobra un valor y se convierte en un fin en sí mismo, en objeto de apreciación estética.

Pero en un plano distinto al de la creación literaria como forma estética, el tema o los temas adquieren una dimensión que va más allá del ámbito íntimo. Ya no solo se refiere al dolor flemático del padre producido por el abandono del hijo a causa de sus quebrantos mentales, de los cuales está muy consciente el propio autor de las cartas; es el sentimiento de unicidad, el sentimiento de isla que se va agudizando conforme se suman los años como costales pesados y los recuerdos como fugaces imágenes de lo que ya no es; es esa sensación de inercia que solo se puede sentir al arribar al otoño de la vida; es esa comprensión intuitiva de que siempre hemos estado solos, abandonados en este mundo al que fuimos arrojados. Ni siquiera nuestros seres más cercanos, más queridos y con los que nos unen lazos sagrados logran apagar ese sentimiento de abandono, esa incomprensión que nos distancia de los demás y nos vuelve lobos solitarios.

En estas epístolas desfilan temas tan diversos como las mujeres, la escritura, la demencia, la política, la soledad, los tipos de amor, el suicidio, la humildad y la modestia; algunos sencillos, pero tratados con una profundidad capaz de despertar la admiración. Interesantes reflexiones sobre distintos aspectos de la vida hechas con mesura, pero con esa contención que impide darle libre escape al dolor y que a veces toma forma del reproche sutil, pero por eso más hiriente, hacia el hijo desconsiderado que le da, en un acto supremo de ingratitud, la espalda a su propia sangre. En este aspecto, llama especialmente la atención la carta titulada «Los perros y los gatos», que resume la actitud poco agradecida, desde la perspectiva del mismo padre, del hijo que parte allende los mares con el auténtico derecho de seguir su propio camino. Sin duda que luego de leer este texto, el lector terminará generando empatía ante este lobo estepario, pero también se enfrentará, quizá prematuramente, al momento en que tenga que llorar esa juventud perdida, marchita, que parece escaparse de la vida como hoja seca que se deja llevar en el vendaval  pesado y grave de un panteón.

Las diferencias generacionales tienen su peso. El hijo ausente, el joven, tiene todo el camino por delante para realizar esa vida que no ha sido; el padre, el viejo, solo se conforma con los recuerdos que la memoria caótica y desordenada de demente le va dando como perlas valiosas. Mientras el futuro es para los jóvenes, lo único que les corresponde a los viejos es el pasado absurdo que no pueden cambiar. Sugerente imagen la presentada en la carta titulada «La mar», en el que el océano Atlántico se convierte en el abismo infranqueable que separa al ser humano de los demás; pero también abismo que nos separa de esa juventud perdida que representa la luz del ocaso. Es la perspectiva del hombre maduro que ve, desde la otra orilla y como atardecer melancólico, su juventud ida. Más allá del mar está el hijo joven, deseado, amado, esa prolongación del padre mismo que añora retornar al mundo que día a día se hace más huraño a él. Es como si el mundo mismo lo abandonase, como si decidiera emprender su camino sin necesidad de él. Así, de esta manera, queda expuesta la fragilidad humana al saberse imprescindible y sustituible.

Por último, y hago la aclaración porque el mismo autor es consciente de esto, una referencia clara de este libro es el texto del español Camilo José Cela titulado Mrs. Caldwell habla con su hijo. De hecho, el mismo Santizo reconoce la influencia que este texto tuvo en su escrito y cita, a manera de introducción, el fragmento de una carta de Mrs. Caldwell al inicio del libro. Yo mismo doy fe de esa influencia, pues en mis años de mocedad tuve la oportunidad de leer este libro magnífico de Cela, en el que una madre demente escribe cartas a su hijo marino que murió en un naufragio en el mar Egeo. Recuerdo, aunque puede ser que me confunda después de tantos años que leí este texto, que al final del relato, la madre es encerrada en el hospital de lunáticos. Lo cierto es que se sugiere un final semejante al padre del hijo ausente sin que llegue a ser explícito. Al contrario, Santizo nos presenta un final más desesperanzador en el que nos damos cuenta de que estas cartas jamás son ni serán respondidas. Puede que ni siquiera hayan llegado a su destinatario. Bajo esta perspectiva es significativa la posdata de la última carta:

Nota: No te olvides de escribir algún día, y responder a todas y cada una de estas cartas. Tu padre que nunca te olvida, en verdad… ¡jamás!, y te ama con todo su corazón.

Mrs. Caldwell, por lo menos, tiene su locura y puede escapar a través de ella de la dura realidad. El padre ausente no cuenta con esta locura, por lo menos de manera explícita, para fugarse de la realidad. Al no estar completamente demente tiene, por tanto, un grado más o menos de consciencia de su situación miserable, de su abandono. Al ser consciente de su situación, la experimenta con mayor crudeza. Su peor castigo quizá sea no poder alienarse de esa realidad de abandono que vive.

Por esta, entre otras muchas razones, el hecho de que la estructura sea tan parecida con la del libro de Cela no demerita el trabajo de Santizo. Al contrario, crea una visión actualizada del mismo tema y, a su vez, sabe llegar a  profundidades insospechadas en los temas que trata. En realidad, atreverse a esto y lograrlo con tanto brillo va más allá del oficio de escribiente, como él lo dice, y lo convierte en un verdadero escritor.

(Leo De Soulas, guatemalteco, es profesor de Lengua y Literatura, escritor, editor y actor)

 

El Señor Presidente en versión de ballet (por Ariel Batres Villagrán)

IMG_2669_1En marzo y mayo de 2016, el Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala ofreció al público su versión de ballet-teatro, que interpreta adecuadamente el contenido básico de la novela El Señor Presidente (1946), de Miguel Ángel Asturias Rosales (1899-1974). Así homenajeó al maestro y autor de la novela, ahora que se conmemoran 70 años de la primera edición de la obra literaria, publicada el 30 de agosto de 1946.

Como en algunas escenas hubo breves diálogos entre los bailarines, se tuvo la impresión de que en lugar de ballet se apreciaba una obra de teatro, lo que no es extraño, puesto que se trató de la aplicación de la técnica mixta y contemporánea de ballet-teatro, que les quedó excelente.

Dado que normalmente no hay memoria histórica que narre qué ocurrió en el desarrollo de determinada actividad cultural, e incluso los medios de comunicación la describen en pocas líneas, el propósito del presente trabajo es ofrecer el registro de lo visto y vivido durante las presentaciones.

Y como de la novela El Señor Presidente hubo variados puntos de vista expuestos por los contemporáneos de Miguel Ángel Asturias en los periódicos de la época, se aprovecha para insertar una breve selección, como muestra de lo que se pensaba del autor y de su obra, cuando aún no era Nobel de Literatura.

El homenaje que por medio del Ballet Moderno y Folklórico se ofreció a Miguel Ángel Asturias y su novela de siete décadas El Señor Presidente fue estupendo.

Para leer el ensayo que describe la presentación de “El Señor Presidente” en versión del Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala pulse, por favor, en el siguiente enlace, que le permitirá descargar el documento en formato pdf de manera gratuita:

1.El Señor Presidente -Ballet Moderno y Folklórico -7 julio 2016

“Hombres de papel”, poca ficción y demasiadas mentiras (por Ariel Batres Villagrán)

Recientemente fue publicada en Guatemala la novela Hombres de papel (2016) del doctor en filosofía Oswaldo Salazar.

Con semejante título académico se esperaría del autor un estudio que deconstruyera la vida y producción literaria del premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias, pero no que la destruyera con una serie de absurdos que caen en la difamación y la calumnia.

Teniendo en mente que en Guatemala, y Centroamérica, Asturias es el único Nobel de Literatura, el cual obtuvo por la calidad de su obra y no por lo que pudo haber sido su vida privada, se ofrece un pequeño trabajo de recopilación de opiniones alrededor de dicha novela, el cual lleva por titulo “Hombres de papel”, ficción o mentiras sobre Miguel Ángel Asturias.

No se trata de defender lo indefendible, sino de señalar que prácticamente todo el contenido de la mal llamada novela no necesariamente es ficción, sino falsedades que por aviesa razón el autor se atrevió a publicar. Queda en los lectores decidir si la novela es tal o un burdo libelo.

Ariel Batres Villagrán

Para descargar y leer “Hombres de papel”, ficción o mentiras sobre Miguel Ángel Asturias, pulse en el siguiente enlace, por favor.

Hombres de papel, poca ficción y demasiadas mentiras