Cartas a un hijo ausente (2a. ed. revisada, por Julio Santizo Coronado)

white-rose.jpgEste libro del género epistolar fue publicado originalmente en rústica por Ediciones del Jazmín e impreso en los talleres de Magna Terra Editores, Guatemala, en 2013, con una tirada de 500 ejemplares. La cubierta fue diseñada por el guatemalteco Luis Villacinda, con prólogo del poeta y editor guatemalteco Eduardo Villalobos.

En esta bitácora podrán leer las reseñas que el actor y escritor Leo De Soulas y el escritor Marvin Monzón, ambos guatemaltecos, escribieron sobre este libro.

Ediciones del Jazmín presenta esta edición revisada que será impresa y distribuida en Guatemala oportunamente. Tanto la edición en pdf como aquella que se publique en soporte físico son gratuitas, porque las palabras no tienen costo.

Esperamos que nuestros lectores disfruten de estas epístolas dirigidas a un hijo que vive en nuestros pensamientos. Pueden descargar el pdf mediante pulsar el siguiente enlace.

Cartas a un hijo ausente 2a ed. revisada 2016 WordPress

Palabras del agua y de la mar (por Julio Santizo Coronado)

white-rose.jpgUn manual lleno de fulgor

Eduardo Galeano dijo, respondiendo a una entrevista, que el ser humano no nacía una sola vez, sino que eran varias las que uno podía reinventarse, reconstruirse, y que el músculo para fortalecer esta postura era el humor. Leer esto le deja a uno la sensación de que sí, que es posible volver a vivir varias veces y que el simple hecho de no creerse nacido y muerto —de un punto de la cuerda a otro— es algo extraordinario, un largo aliento para varias vidas, para muchos saltos al vacío, para intensos padre, niño y adulto   —los que cargamos todos por dentro— recirculándose, abrazándose, separándose, reconciliándose.

Más aún para la gente que anda con el caleidoscopio de las emociones, literalmente, saliéndose de los ojos en cada respiro, movimiento del vientre, lágrima retenida, huida contenida; en síntesis: los poetas, en que esta sentencia es condenatoria y a la vez inspiradora.

El que canta y llora a la vida al mismo tiempo se vuelve una especie de vericueto atemporal, donde se anuda la luz y su tránsito, donde se atasca la sombra y crece moho en los extremos que se rozan al aire, donde hay muerte y vida en la sinestesia más pura, en la simbiosis más consumada.

Así es el poeta: el que recoge o deja caer todo aquello que como el mundo entero le explota en unos cuantos segundos, en unas pequeñas cuadras caminadas, algún espacio para la contemplación y el desembarazo; algún sopeso, una quimera en los labios, una catarsis en las manos, una epifanía hacia el esófago y más adentro, donde todo brota sin resúmenes pero rueda en papiros, rollos enteros, de este periplo —o periplos— donde  trata de tejer los días, enderezar el fluido del vericueto, dejar palabras al ulterior de la desaparición física, pintar vapor sobre las ventanas de la realidad para no perderse, para no herirse. Un graffiti que traspase las paredes, que hiera el poro del adobe o del block, que se quede ahí hasta que un temblor se lo lleve, hasta que el tsunami se lo trague, o el huracán lo pulverice; pero que se aferre, incluso tanto que al llegar a espora de polvo se le escuche el canto, se le huela, se le sienta.

En esa reinvención está Julio Santizo Coronado, en la que se liman y afilan todos los aparejos para saltar de una existencia a otra, dejándonos un manual lleno de fulgor como este libro Palabras del agua y de la mar, donde los corazones duelen de tanta retracción y de mucho rebobinar un aliento extenso y pesado —como ese que suele hacer el mar cuando pretende la nueva ola.

Paolo Guinea, poeta guatemalteco, 15 de octubre de 2013

Los lectores pueden descargar el libro en formato pdf desde el siguiente enlace. Este se encuentra también en formato físico, disponible de manera gratuita en Guatemala.

Palabras del agua y de la mar 2016 Magna Terra

Epístolas de la soledad y la distancia (por Marvin Monzón)

El individuo debe aprender a estar consigo mismo desde chico.
Andréi Tarkovski

white-rose.jpg¿Cómo empezar a hablar de un libro que parte de 59 páginas y se desborda como El libro de arena? ¿Qué decir del vacío tan armónicamente dispuesto entre sus páginas? El título lo sugiere todo, de entrada: tenemos a un hijo separado de su padre por una distancia un tanto indefinida: al otro lado del Atlántico. El progenitor es un hombre con una obsesión por escribirle cartas a su vástago; estos textos tienen todo el aroma característico del género epistolar.

Hasta allí, todo parece indicar que se trata de documentos que forman parte de una correspondencia. Sin embargo, ninguna de las acepciones del diccionario para la palabra correspondencia puede utilizarse para describir este conjunto de cartas, que se engavetan después de ser escritas. Quién sabe por qué motivo no se envíen, cuál es el temor que las retiene. Esta peculiaridad se hace visible hacia las últimas páginas, en las que el remitente lo manifiesta claramente.

Por qué escribir cartas que no serán enviadas, podríamos preguntarnos, haciendo como que no sabemos que la mayoría del tiempo el destinatario es solo la excusa para vaciarnos y que bien podríamos todos escribir eternamente cartas que nunca se entreguen (las redactamos mentalmente todos los días).

Regresando al libro, debo admitir que lo subestimé, que abrí su portada con recelo y me encontré un sugerente prólogo de Eduardo Villalobos (de quien espero escribir algo posteriormente) que me dio el empujoncito que andaba necesitando para entrar en serio en el contenido.

Hay en sus páginas un estoicismo milenario, una serenidad de riachuelo que fluye con el paciente desplazamiento de quien sabe que llegar o no al mar no importa más que la corriente misma. Recordé las Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke, con su imponente torrente de ideas disfrazadas de riachuelo diáfano, que no se bebe, sino que se respira.

Santizo Coronado despliega una profusión de ideas sobre temas diversos (desde los más trillados por su calidad de «trascendentales», hasta los más triviales por su calidad de «cotidianos») con la calidad paternal que el título del libro exige y con imágenes poéticas regularmente solitarias («Porque la soledad es fría por fuera, pero tibia por dentro, en el tuétano del alma», nos dice el autor a través del trasnochado padre obsesivo).

En cada una de las cartas se desarrolla un tema específico a través de ideas claras o, en el mejor de los casos (y esto lo digo muy subjetivamente), de sugerencias que nos invitan a desenvolverlas cuidadosamente y descubrir lo que, muy en su centro, atesoran (no celosa sino afablemente para quien quiera poseerlas). Podría incluso atreverme a afirmar que no es un libro para subrayar (para quienes gusten de hacerlo), porque seguramente, al volver sobre sus páginas, nos daríamos cuenta de que encontrar una idea subrayada daría el mismo trabajo que releer el texto.

No temo equivocarme tampoco si digo que cada uno de estos textos fue concebido con la ayuda de la soledad absoluta, del tiempo y de la constancia: hay trabajo en ellos, se evidencia en la síntesis de las ideas. Es fácil escribir y desbordarse (como intento hacerlo ahora), pero es difícil desbordarse desde adentro mil veces y reducir a su mínima (pero potente) expresión los pensamientos, para esculpirlos posteriormente en la palabra. Esa capacidad de síntesis del autor es uno de los motivos de que el texto sea, como ya lo he dicho antes, fluido, sin tropiezos, sin la parafernalia de quien quiere decir amor empecinándose en utilizar todas las letras del alfabeto.

Todas las cartas están firmadas de la siguiente forma: «Tu padre que te ama». Esta fórmula repetitiva podría hacernos pensar que pierde su sentido a medida que se utiliza en el libro. Pienso en frases como «que Dios se lo pague», «gracias a Dios» o «primero Dios» que, de tanto repetirlas, nadie sabe a ciencia cierta lo que significan en el momento que las pronuncia. Así, «Tu padre que te ama» se convierte en esa firma que está al final de cada epístola como parte de un protocolo inflexible. Sin embargo, la última carta está firmada de la siguiente forma «Tu padre que nunca te olvida, en verdad… ¡jamás!, y te ama con todo su corazón». Esto nos deja de cualquier forma con dos posibilidades: puede ser una confirmación del amor profesado en cada una de las firmas anteriores o bien una forma de afirmárselo a sí mismo, como un mantra.

Para finalizar este comentario diré que estas cartas (que, como ya dije, no puedo llamar correspondencia) son más parecidas al murmullo de alguien que habla frente al espejo, opacándolo y viendo, en las fugaces y caprichosas formas del vaho, los secretos de la vida; la simpleza de las cosas que el mundo se empeña en hacer complejas, casi inaccesibles.

Unas cartas que llegan al alma (por Leo De Soulas)

white-rose.jpgLas epístolas dirigidas al hijo, reunidas en el libro Cartas a un hijo ausente, del escritor y escribiente guatemalteco Julio Santizo Coronado, son una especie de llave que nos devela gradualmente el interior vacío y solitario de un padre abandonado, desencantado por una vida pasada, quizá perdida, a la cual hace constante alusión con un sentimiento de impotencia presentado con los matices más sutiles en la escala de grises que revisten la nostalgia y la melancolía. Simplemente, no puede hacer nada en el presente que le permita cambiar, tal vez enmendar, los errores del pasado. La sinceridad teñida de ternura hace que el lector se pregunte si este padre, en su aparente actitud de apatía, es tan solo una ficción; o si, por el contrario, es la voz misma del autor que expresa el dolor propio disfrazado de indiferencia, dolor que se va construyendo con retazos de recuerdos cotidianos cogidos de aquí y de allá a suerte de azar. Al fin de cuentas, esto tiene poca importancia, pues desde el momento en que el texto se yergue como una realidad poética, trabajada y labrada con la paciencia del escribiente artesano que el autor se dice ser, la creación cobra un valor y se convierte en un fin en sí mismo, en objeto de apreciación estética.

Pero en un plano distinto al de la creación literaria como forma estética, el tema o los temas adquieren una dimensión que va más allá del ámbito íntimo. Ya no solo se refiere al dolor flemático del padre producido por el abandono del hijo a causa de sus quebrantos mentales, de los cuales está muy consciente el propio autor de las cartas; es el sentimiento de unicidad, el sentimiento de isla que se va agudizando conforme se suman los años como costales pesados y los recuerdos como fugaces imágenes de lo que ya no es; es esa sensación de inercia que solo se puede sentir al arribar al otoño de la vida; es esa comprensión intuitiva de que siempre hemos estado solos, abandonados en este mundo al que fuimos arrojados. Ni siquiera nuestros seres más cercanos, más queridos y con los que nos unen lazos sagrados logran apagar ese sentimiento de abandono, esa incomprensión que nos distancia de los demás y nos vuelve lobos solitarios.

En estas epístolas desfilan temas tan diversos como las mujeres, la escritura, la demencia, la política, la soledad, los tipos de amor, el suicidio, la humildad y la modestia; algunos sencillos, pero tratados con una profundidad capaz de despertar la admiración. Interesantes reflexiones sobre distintos aspectos de la vida hechas con mesura, pero con esa contención que impide darle libre escape al dolor y que a veces toma forma del reproche sutil, pero por eso más hiriente, hacia el hijo desconsiderado que le da, en un acto supremo de ingratitud, la espalda a su propia sangre. En este aspecto, llama especialmente la atención la carta titulada «Los perros y los gatos», que resume la actitud poco agradecida, desde la perspectiva del mismo padre, del hijo que parte allende los mares con el auténtico derecho de seguir su propio camino. Sin duda que luego de leer este texto, el lector terminará generando empatía ante este lobo estepario, pero también se enfrentará, quizá prematuramente, al momento en que tenga que llorar esa juventud perdida, marchita, que parece escaparse de la vida como hoja seca que se deja llevar en el vendaval  pesado y grave de un panteón.

Las diferencias generacionales tienen su peso. El hijo ausente, el joven, tiene todo el camino por delante para realizar esa vida que no ha sido; el padre, el viejo, solo se conforma con los recuerdos que la memoria caótica y desordenada de demente le va dando como perlas valiosas. Mientras el futuro es para los jóvenes, lo único que les corresponde a los viejos es el pasado absurdo que no pueden cambiar. Sugerente imagen la presentada en la carta titulada «La mar», en el que el océano Atlántico se convierte en el abismo infranqueable que separa al ser humano de los demás; pero también abismo que nos separa de esa juventud perdida que representa la luz del ocaso. Es la perspectiva del hombre maduro que ve, desde la otra orilla y como atardecer melancólico, su juventud ida. Más allá del mar está el hijo joven, deseado, amado, esa prolongación del padre mismo que añora retornar al mundo que día a día se hace más huraño a él. Es como si el mundo mismo lo abandonase, como si decidiera emprender su camino sin necesidad de él. Así, de esta manera, queda expuesta la fragilidad humana al saberse imprescindible y sustituible.

Por último, y hago la aclaración porque el mismo autor es consciente de esto, una referencia clara de este libro es el texto del español Camilo José Cela titulado Mrs. Caldwell habla con su hijo. De hecho, el mismo Santizo reconoce la influencia que este texto tuvo en su escrito y cita, a manera de introducción, el fragmento de una carta de Mrs. Caldwell al inicio del libro. Yo mismo doy fe de esa influencia, pues en mis años de mocedad tuve la oportunidad de leer este libro magnífico de Cela, en el que una madre demente escribe cartas a su hijo marino que murió en un naufragio en el mar Egeo. Recuerdo, aunque puede ser que me confunda después de tantos años que leí este texto, que al final del relato, la madre es encerrada en el hospital de lunáticos. Lo cierto es que se sugiere un final semejante al padre del hijo ausente sin que llegue a ser explícito. Al contrario, Santizo nos presenta un final más desesperanzador en el que nos damos cuenta de que estas cartas jamás son ni serán respondidas. Puede que ni siquiera hayan llegado a su destinatario. Bajo esta perspectiva es significativa la posdata de la última carta:

Nota: No te olvides de escribir algún día, y responder a todas y cada una de estas cartas. Tu padre que nunca te olvida, en verdad… ¡jamás!, y te ama con todo su corazón.

Mrs. Caldwell, por lo menos, tiene su locura y puede escapar a través de ella de la dura realidad. El padre ausente no cuenta con esta locura, por lo menos de manera explícita, para fugarse de la realidad. Al no estar completamente demente tiene, por tanto, un grado más o menos de consciencia de su situación miserable, de su abandono. Al ser consciente de su situación, la experimenta con mayor crudeza. Su peor castigo quizá sea no poder alienarse de esa realidad de abandono que vive.

Por esta, entre otras muchas razones, el hecho de que la estructura sea tan parecida con la del libro de Cela no demerita el trabajo de Santizo. Al contrario, crea una visión actualizada del mismo tema y, a su vez, sabe llegar a  profundidades insospechadas en los temas que trata. En realidad, atreverse a esto y lograrlo con tanto brillo va más allá del oficio de escribiente, como él lo dice, y lo convierte en un verdadero escritor.

(Leo De Soulas, guatemalteco, es profesor de Lengua y Literatura, escritor, editor y actor)

 

El Señor Presidente en versión de ballet (por Ariel Batres Villagrán)

IMG_2669_1En marzo y mayo de 2016, el Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala ofreció al público su versión de ballet-teatro, que interpreta adecuadamente el contenido básico de la novela El Señor Presidente (1946), de Miguel Ángel Asturias Rosales (1899-1974). Así homenajeó al maestro y autor de la novela, ahora que se conmemoran 70 años de la primera edición de la obra literaria, publicada el 30 de agosto de 1946.

Como en algunas escenas hubo breves diálogos entre los bailarines, se tuvo la impresión de que en lugar de ballet se apreciaba una obra de teatro, lo que no es extraño, puesto que se trató de la aplicación de la técnica mixta y contemporánea de ballet-teatro, que les quedó excelente.

Dado que normalmente no hay memoria histórica que narre qué ocurrió en el desarrollo de determinada actividad cultural, e incluso los medios de comunicación la describen en pocas líneas, el propósito del presente trabajo es ofrecer el registro de lo visto y vivido durante las presentaciones.

Y como de la novela El Señor Presidente hubo variados puntos de vista expuestos por los contemporáneos de Miguel Ángel Asturias en los periódicos de la época, se aprovecha para insertar una breve selección, como muestra de lo que se pensaba del autor y de su obra, cuando aún no era Nobel de Literatura.

El homenaje que por medio del Ballet Moderno y Folklórico se ofreció a Miguel Ángel Asturias y su novela de siete décadas El Señor Presidente fue estupendo.

Para leer el ensayo que describe la presentación de “El Señor Presidente” en versión del Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala pulse, por favor, en el siguiente enlace, que le permitirá descargar el documento en formato pdf de manera gratuita:

1.El Señor Presidente -Ballet Moderno y Folklórico -7 julio 2016

“Hombres de papel”, poca ficción y demasiadas mentiras (por Ariel Batres Villagrán)

Recientemente fue publicada en Guatemala la novela Hombres de papel (2016) del doctor en filosofía Oswaldo Salazar.

Con semejante título académico se esperaría del autor un estudio que deconstruyera la vida y producción literaria del premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias, pero no que la destruyera con una serie de absurdos que caen en la difamación y la calumnia.

Teniendo en mente que en Guatemala, y Centroamérica, Asturias es el único Nobel de Literatura, el cual obtuvo por la calidad de su obra y no por lo que pudo haber sido su vida privada, se ofrece un pequeño trabajo de recopilación de opiniones alrededor de dicha novela, el cual lleva por titulo “Hombres de papel”, ficción o mentiras sobre Miguel Ángel Asturias.

No se trata de defender lo indefendible, sino de señalar que prácticamente todo el contenido de la mal llamada novela no necesariamente es ficción, sino falsedades que por aviesa razón el autor se atrevió a publicar. Queda en los lectores decidir si la novela es tal o un burdo libelo.

Ariel Batres Villagrán

Para descargar y leer “Hombres de papel”, ficción o mentiras sobre Miguel Ángel Asturias, pulse en el siguiente enlace, por favor.

Hombres de papel, poca ficción y demasiadas mentiras

Miguel Ángel Asturias con la magia de los tiempos: un poeta de 116 años (por Ariel Batres Villagrán)

IMG_2639_1_1En 1999, los dos hijos del poeta, novelista y premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias Rosales (1899-1974), en calidad de productores, editaron el disco compacto Con la magia de los tiempos, el cual representa una antología de las grabaciones de poemas declamados por su padre en diferentes oportunidades antes y durante el año 1974, las cuales resguardaron durante más de dos décadas. En razón de conmemorarse el centenario del nacimiento del premio Nobel de Literatura, emprendieron la tarea de producir un disco compacto (CD) que hace honor a su contenido, ya que constituye la recopilación de 29 poemas y sonetos, más un texto en prosa poética, pero en versión audible, publicados por Asturias Rosales entre 1929 y 1974.

Con la magia de los tiempos (1999) incluye 26 poemas que se encuentran en Sien de alondra (1949 y/o 1955), en tanto que los tres restantes y el texto en prosa provienen de otras fuentes. Como no todos los lectores tendrán a la mano el CD, se ofrece la versión impresa del contenido de la poesía declamada por el propio Asturias y, además, las referencias hemerográficas de importancia histórica sobre el origen de Sien de alondra. Como la fecundidad intelectual del aeda no cesó, se brinda la lista de poemas y artículos que publicó durante la “primavera democrática de Guatemala” en el periódico El Imparcial.

Quienes puedan adquirir una copia del CD de 1999, al escuchar la voz de Asturias podrán experimentar sensaciones distintas a las que se experimentan al leer solamente los “esqueletos tipográficos” de los poemas. Asturias sigue estando vivo, pues “la palabra lo crea todo y lo sigue creando”.

En forma por demás sencilla, se elaboró el texto de Miguel Ángel Asturias con la magia de los tiempos, como homenaje permanente.

Ariel Batres Villagrán

El texto de Miguel Ángel Asturias con la magia de los tiempos puede ser consultado cuando lo desee. Para descargarlo, pulse el siguiente enlace, por favor.

Con la magia de los tiempos (1999)

El drama de Argentina Díaz Lozano en 1944 (recopilación de artículos por Ariel Batres Villagrán)

IMG_2639_1_1En enero de 1945 la escritora hondureña Argentina Díaz Lozano (1912-1999) llega a Guatemala, proveniente de El Salvador, donde había estado en calidad de emigrada desde el 5 de agosto de 1944, huyendo junto con su esposo e hijos de la tiranía del régimen del dictador Tiburcio Carías Andino.

Durante los meses que residió en El Salvador, específicamente en una pensión donde convivió con otros exiliados de Honduras, junto con su esposo trabajó activamente en el Comité Democrático Hondureño; él recolectando fondos para la adquisición de armas que utilizarían en la proyectada invasión revolucionaria a Honduras en octubre de 1944, y ella escribiendo en los periódicos de San Salvador denunciando las atrocidades del régimen cariista.

Presumiblemente tenían el apoyo del gobierno salvadoreño cuando lo dirigía el tambaleante general Andrés Ignacio Menéndez; sin embargo, este es derrocado por el coronel Osmín Aguirre y Salinas el 21 de octubre de 1944 y la situación se complica para los revolucionarios hondureños. Su esposo decide trasladarse a Guatemala, confiando en que como el 20 de octubre había ocurrido la Revolución de octubre, el gobierno democrático guatemalteco les apoyaría. Díaz Lozano se queda en San Salvador, pero en enero de 1945 la situación se vuelve insostenible, por lo que se vio obligada a huir a Guatemala en calidad de emigrada.

Como ya era una escritora conocida en el medio centroamericano, a ese año ya tenía publicados tres libros (dos de cuentos y una novela) así como varios artículos de prensa denunciando al régimen de Carías, es bien recibida en el país. En las páginas del diario vespertino El Imparcial cuenta el drama que vivió no solo en El Salvador, sino sobre la situación de Honduras, en artículos publicados entre febrero y marzo de 1945.

En virtud que dicho diario anticipó que los artículos constituían un extracto de los capítulos de un próximo libro a publicarse con el título de Nuestro drama, y tomando en cuenta que tal texto nunca fue editado, pasados setenta años este ensayista se atreve a reunirlos para que no continúen archivados en la Hemeroteca Nacional de Guatemala Clemente Marroquín Rojas, sino que puedan ser leídos o consultados por el público interesado; se agregan algunas referencias en notas al margen, para contextualizar el momento histórico que Díaz Lozano desveló en sus escritos.

Cabe agregar que después de concluir la publicación de sus artículos, la cuentista y novelista fincó definitivamente sus intereses culturales y literarios en Guatemala, donde residió desde 1945 hasta febrero de 1999, regresando a su natal Santa Rosa de Copán (Honduras) donde falleció el 13 de agosto de dicho año. Prácticamente todos los libros que editó después de 1945 fueron gestados en Guatemala, publicados por editoriales de México, Guatemala y Bruselas e incluso varios hasta con tres, cinco o siete reediciones.

Se considera que por su valor histórico, la recopilación que aquí se ofrece de los artículos de prensa que tienen el título común de Nuestro drama puede servir a los interesados en el tema como muestra de un capítulo de la historia de Honduras y El Salvador descrita por la pluma de Argentina Díaz Lozano.

Por favor pulse en el siguiente enlace para descargar el documento que contiene el archivo El drama de Argentina Díaz Lozano en 1944:

Argentina Díaz Lozano -Nuestro drama 1944

Sabor de Guatemala en Gustavo Valdés de León (Homenaje in memóriam, por Ariel Batres Villagrán)

IMG_2639_1_1El 18 de marzo de 2015 hubiese cumplido 79 años el poeta y diseñador gráfico (comunicación visual) Gustavo Adolfo Valdés de León, guatemalteco nacido en 1936, quien falleció el domingo 9 de noviembre de 2014 en Buenos Aires, Argentina, hace apenas cinco meses.

Gustavo Valdés radicaba en Buenos Aires, ciudad adonde llegó después del 9 de septiembre de 1954, cuando tenía 18 años de edad, junto con más de doscientos exiliados guatemaltecos y de otras nacionalidades, como, por ejemplo, el novelista hondureño Ramón Amaya-Amador; Saúl Osorio Paz, que años después fuera rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala; Rolando Ramírez, otrora comandante en el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP); y otros.

Ya escribía poesía antes de su salida forzada de la tierra que lo vio nacer, y estando asilado entre julio y principios de septiembre de 1954 en la Embajada de Argentina en Guatemala, junto con Ernesto Guevara de la Cerna, le dio a leer uno solo de sus poemas, al extremo que este lo cuestionó injustamente ‒qué sabía de poesía el médico de 23 años‒ diciendo: “Sólo leí una de sus composiciones hechas en verso libre y con marcado contenido de lucha social, pero sin esa chispa que distingue al auténtico poeta. Es un muchacho de 18 años, con carácter pícaro de mocoso que se reconoce dentro de la edad, a pesar de ciertos brotes de seriedad. Es un carácter recto y franco, sin mayores pretensiones políticas[,] pero capaz de llegar a tenerlas con el tiempo.

Gustavo regresa a Guatemala en las postrimerías de 1972, y en 1973 presenta al concurso de poesía de los Juegos Florales Centroamericanos un poemario de 19 composiciones suyas, algunas escritas en Guatemala y otras en Buenos Aires, agrupadas con el título Sabor de Guatemala; se le adjudica el primer premio, en tanto que el segundo, a Luis Alfredo Valdés Arango. Fueron publicadas en septiembre de ese año con el título genérico de Poesía.

Cabe anticipar que en Sabor de Guatemala no se encuentran frases ampulosas sobre el sabor de las comidas chapinas, ni de la maravilla de lugares naturales que existen para solaz. En su poema tribu a la que pertenezco, Valdés hace referencia, burla burlando, al paraíso que es Guatemala, que se vende a los turistas: “le vendemos el paraíso terrenal típico y colorido / simple y elemental”; y aunque lo haya escrito en Buenos Aires, era peligroso decirlo en 1973 cuando se publica, pues también agrega:

me detengo a la orilla del río de mi sangre:

allí el pasado mora pero empuja al futuro

la vieja tribu a la que pertenezco

diezmada perseguida destruida colonizada por los Conquistadores

reúnese de nuevo bajo los grandes árboles

la guerrilla establece en la selva su semilla impetuosa

la tempestad de la revolución asola rancheríos

incendia las praderas los cañaverales

los pájaros la esparcen por el aire

 

este es el territorio que reconozco y amo

que reconozco mío:

tribu a la que pertenezco

 

en algún lugar sobre la tierra

posiblemente al norte

existe una región llamada guatemala:

tribu a la que pertenezco

En virtud de que Sabor de Guatemala es la única obra poética de su vasta producción literaria, con sumo respeto este “editor”, que no biógrafo suyo, se toma la libertad de denominarlo poeta de un solo libro.

En 1976 vuelve a Buenos Aires, y a partir de 1977 se desempeña como diseñador gráfico. Por sus conocimientos y valiosa experiencia ingresa en la cátedra en dos universidades bonaerenses, e incluso en 1990 se convierte en miembro fundador de la carrera de diseño gráfico en la Universidad de Palermo. Sus hallazgos respecto a las deficiencias teóricas de alumnos y docentes en la materia, lo llevan a publicar entre 1990 y 2009 significativos ensayos donde cuestiona a los gurús del diseño, así como a aquellos que desde la cátedra deforman a los discentes. Varios de esos trabajos reúne y edita con el epígrafe Tierra de nadie. Una molesta Introducción al Estudio del Diseño (2010).

No obstante estar afectado por una seria dolencia física, que a la postre lo llevó al panteón de los poetas, todavía en agosto de 2013 dejó inédito un ensayo donde retoma su propia veta, Exilio y poesía (texto provisorio), donde  recordó un poema de su autoría, aparta de mí tu cáliz (1973), que para ilustrar al amable lector se transcribe del mismo un fragmento:

padre mío

por qué me has abandonado?

si pudiéramos juntos reconquistar esa perdida primavera

si el largo amargo río su cauce remontara

si el milagro del clima descendiera de pronto sobre mí

si mi lejana niñez reconquistara

tardes por calles de tierra transitadas

el remoto jardín con rosas y granadas que a veces en mis sueños

detonan su carga de perfume

llanos de la cipresalada que ya no existen

remoto árbol en perdida hondonada ―más que árbol, amigo―

continente de pájaros y flores y cielos increíbles

que ha devorado el tiempo

 

si el largo camino desandase de años memoriosos

si juntando nuestras fuerzas

yo de aquí

tú de allá

lográramos hacer rodar hacia atrás la rueda de la historia

y cuidadosamente despertar en un lluvioso junio

bajo el asedio de la guerra

y tantas ilusiones pisoteadas por los cascos del tiempo

allí me quedaría

en el centro del mapa

allí cavaría mi trinchera o mi tumba

allí plantaría el árbol de mi canto

jacarandoso libre tropical y violento

la alegría de vivir mi tierra poblaría sus ramas

de pájaros de júbilo

azulejos sanates las musicales flechas

repartiendo el sonido

el transparente incendio del atardecer me inundaría

de canciones bajo la marejada de sonetos en celo

somnoliento perfil de los volcanes

sosteniendo la pesantez del cielo

el repartido corazón de las marimbas

el olor a mediodía del aire atravesado

por ráfagas de música

cierta textura incomparable de la tierra

cálidas noches color galope alazanado

tibieza del hogar ausente

 

Sirva el documento, que el lector puede consultar cuando lo desee, como un homenaje en su memoria. Para descargarlo, por favor pulse en el siguiente enlace:

Sabor de Guatemala en Gustavo Valdés

Pasión y crimen, tras el poder (prólogo, por Ariel Batres Villagrán)

IMG_2639_1_1Desde tiempos de la Colonia, en Guatemala han ocurrido cientos de crímenes cuyo signo común es que nunca fueron esclarecidos, y cuando alguien se acercaba a inquirir, sencillamente era silenciado con el «encierro, destierro o entierro». Así que mejor no decir nada puertas afuera, pues los sabuesos policiales andaban husmeando, no para establecer quiénes fueron los autores intelectuales y materiales de los hechos, sino con el propósito de alejar a quienes se interesaban por saber la verdad, e incluso denunciarla.

Inmunidad no es lo mismo que impunidad, pero miles de asesinatos jamás fueron ni serán aclarados, y por ello, en el más reciente libro publicado por Otto Wilhelm, Pasión y crimen, tras el poder (2014), su autor señala que «Un país corre peligro de que este fenómeno se enquiste porque llegará un momento en que todos los ciudadanos actuarán sin ley, lo que sucede actualmente», y agrega que «La impunidad es factor desencadenante para la criminalidad».

Pasión y crimen, tras el poder ya había sido editada por su autor en 2010, utilizando el género de la novela. En la segunda edición (2014) utiliza la crónica ‒basada en relatos de periódicos impresos y digitales‒ para brindar una nueva óptica de los magnicidios de los presidentes José María Reyna Barrios (1898) y Carlos Alberto Castillo Armas (1957); el femicidio de Perla Marina Guillén Valenzuela (1981) por su propio esposo; el asesinato de Jane Soraya Garza Alessio (1986), del cual se acusó a su novio; y de los secuestrados, especialmente mujeres, retenidos a la fuerza en la finca, en ese entonces presidencial, Santo Tomás (2007).

Para formarse una idea de lo que trata esta nueva edición de Pasión y crimen, tras el poder (2014), se invita al lector a que lea una reseña sobre el autor y el prólogo de esta.

Al pulsar en el siguiente enlace, usted podrá obtener acceso al sitio de esta bitácora desde el cual podrá descargar el texto íntegro de Pasión y crimen, tras el poder (2014). EL PRÓLOGO

Pasión y crimen, tras el poder (2014). EL PRÓLOGO